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Muchas de las personas que viven en las ciudades, jamás o rara vez llegan a darse cuenta de la Naturaleza. Sus ojos están acostumbrados a ver escaparates, anuncios, ruidos y gentes. Pero aquellos que han vivido en contacto con la Naturaleza se dan cuenta de sus belleza. El hombre es ciego a las bellezas de la Naturaleza pierde la mitad del placer de la vida. La Naturaleza es una escuela donde las diferentes inteligencias aprenden diferentes cosas: uno expresará su concepción de la Naturaleza por la poesía; otro por la pintura; pero todos, con amor tranquilo.

Puedo comprender que un hombre que pone su vista en la tierra sea ateo. Pero no puedo comprender que un hombre que levanta su vista al cielo, en una noche serena, pueda decir que Dios no existe. La contemplación de la Naturaleza es el gran antídoto contra el ateísmo.

En el contacto con la Naturaleza se fomenta otra virtud necesario para ser una persona religiosa: la humildad. Al contemplar la majestuosidad de las cosas, el hombre se siente pequeño y limitado ante todo lo que ve. Pierde un poco de su orgullo y se pone en actitud de aceptar a alguien superior a él. Las plantas, en todas sus especies, con sus flores, cortezas, follaje y frutos. Los animales, con sus especies y hábitos. Las estrellas, con sus órbitas fijas en el espacio, nos dan la primera concepción del infinito y de la inmensa obra del Creador, en la cual el hombre no es más que una ínfima parte. Todo esto tiene una gran fascinación para la juventud, atrae su curiosidad, su poder de observación y le conduce directamente a reconocer la mano de Dios en las maravillas del Universo, con sólo una persona que se las muestre.

Siempre existe un atractivo especial en la vida "al aire libre". El hombre que ha crecido entre las grandes obras de la Naturaleza cultiva la verdad, la independencia y la confianza en sí mismo. Tiene impulsos de generosidad y de lealtad para con sus amigos. Los hombres se convierten en caballeros por el contacto con la Naturaleza.

Si fuera rey de Francia, no permitiría a ningún niño de menos de doce años entrar en la ciudad. Hasta esa edad, los niños deberían vivir "al aire libre" en los campos, en los bosques, en compañía de perros y caballos, cara a cara con la Naturaleza que fortalece el cuerpo, abre el espíritu y la inteligencia, poetiza el alma y desvela en ella una curiosidad más preciosa para la educación que todas las gramáticas del mundo. Comprenderían tanto los ruidos como los silencios de la noche, tendrían la mejor de las religiones, la que Dios mismo revela ene el espectáculo mágico de sus milagros diarios. Hay que enseñar al niño endeble de la ciudad que, por encima del techo del cine, brillan las estrellas.

El vivir en medio de la Naturaleza que Dios nos a dado, entre montañas, árboles, pájaros, bestias, mar y ríos, nos proporciona salud y felicidad, realidades que no se pueden conseguir entre muros de tabique y el humo de las ciudades.

¿Cómo comprender las maravillas de la Naturaleza y su mensaje?. Muy sencillo, abandonando la ciudad y saliendo al campo, a los bosques, aspirando el perfume de las flores, escuchando la música de los arroyos, de los pájaros y de la brisa, familiarizándose con los animales y sus costumbres, hasta sentirse uno camarada de ellos.


ULTIMO MENSAJE (BADEN POWELL)

Queridos scouts:

He tenido una vida muy dichosa y deseo que todos vosotros tengáis también vidas muy dichosas.

Pienso que Dios nos ha puesto en este mundo maravilloso, para que seamos felices y gocemos de la vida. Pero la felicidad no proviene de la riqueza , ni de tener éxitos en la vida, ni de darse gusto a si mismo.

El estudio de la Naturaleza os enseñará cómo Dios ha llenado éste mundo de cosas bellas y maravillosas, para que podáis gozar. Estad satisfechos con lo que os haya tocado y sacad de ello el mejor partido que podáis. Ved siempre el lado bueno de las cosas y no el malo.

Pero la verdadera manera de obtener la felicidad es haciendo felices a los demás. Tratar de dejas este mundo en mejores condiciones de cómo lo encontrasteis; de esa manera, cuando os llegue la hora de morir podréis hacerlo felices porque no perdisteis el tiempo e hicisteis cuanto os fue posible por hacer el bien.

"Que Dios os ayude a hacerlo así"